Patrones en las reseñas.
Llevo trece años leyendo reseñas de negocios locales. En algún punto empiezan a fundirse de maneras que son más interesantes que vergonzosas. Una paciente describe a una higienista de la misma forma en que un comensal describe a un mesero: atenta, sin prisa, me hizo sentir que no me estaban echando. Una reseña de una estrella de un tazón de ramen y una reseña de una estrella de un implante usan casi el mismo lenguaje sobre sentirse como un número.
Los negocios son distintos. La ansiedad con la que el cliente entra no lo es. Los sillones dentales y las mesas de los restaurantes son lugares donde la gente se vuelve un poco vulnerable, entrega algo, y espera para ver si fue acertado confiar. Toda la transacción corre sobre esa corriente.
Lo cual significa que el marketing también corre sobre eso. No los anuncios, ni las palabras clave, ni el conteo de reseñas. La cosa debajo de todo eso: si el negocio se ha ganado el derecho a ser recomendado. Eso no se fabrica. Solo se puede hacer visible, o desperdiciar dinero fingiendo que no se necesita.





